lunes, 7 de septiembre de 2026

AIRE Y SILENCIO

A partir de los sesenta, en los centros sanitarios no debería existir la edad de los pacientes, porque ahí cada cual elige la edad que quiere. El médico no debe condicionar aunque por norma lo tiene, y aunque cada vez más lo van entendiendo, que no entres en una edad igual para todos, en lugar de potenciar la no edad, y estimular el movimiento, que eso sí lo hacen, la aceptación y estudio de posibilidades que libremente cada persona elige, sin entrar en cronicidades que condicionen, etiquetados de identificación por números que encasillen a una homogeniedad inesistente que limita en lugar de estimular al desarrollo del manejo del poder de nuestro cerebro, ese ordenador maravilloso que nadie nos ha enseñado a manejar, donde lo tenemos todo sin usar apenas una pequeña parte usamos en las nueve o diez décadas que como máximo de experimento aquí. Hace unos treinta años mi cerebro se negaba a admitir que expertos aseguraban la finitud neuronal, ahora ya sabemos un poco más, nuestra fuente es inagotable, aunque no sepamos usarla, y el interés porque aprendamos sea mínimo, espero que crezca por la auténtica sanación, ya que tenemos la sabiduría del mundo viejo, llevémosla al mundo nuevo en el que ya estamos. Que las matemáticas son salud y más que números, no fábrica de enfermos. Yo ya perdí la edad, que ya de los sesenta ni me acuerdo, que mi cuerpo sea viejo, no me impide servir, y doy gracias por ello, y sonreiré cuando no sirva y tenga que ser servida lo acepto, que si es de otra manera doy gracias por ello, porque de amor y gracias es nuestro tiempo, confianza que auyente el miedo.

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