Se abren las puertas del verano
y se rompe el silencio.
Recojo la avena, trigo y centeno,
que sembré en otoño, en menos de un metro.
No hay que descuidarse, si el grano está seco,
que vienen pajarillos, dueños del huerto.
Para sus festines, árboles y zarzas,
hierbas y semillas, y lo que yo siembro.
Veo el desperdicio de tanta riqueza.
En el color del verano mueren las plantas.
Y en otros lugares el hambre y las penas.
Aquí el despoblado cada invierno aumenta.
Se abren las puertas del verano,
que desde otoño están cerradas.
Se animan los pueblos con sus gentes.
Vuelven las familias renovadas.