martes, 27 de octubre de 2009

MAESTRO

Si el reino del maestro no es de este mundo, ¿por qué nos empeñamos en inventar la verdad?
Nuestro deber es buscarla, no creer que la hemos encontrado.
Entre los mercaderes del templo que parlotean sembrando el desequilibrio, cuando en el fondo de sus palabras, un mar de hipocresía delata al que con tal comportamiento contribuye al desequilibrio de un planeta que se nos ha regalado a todos, y no satisface a ninguno.
"Los poderes" que arrastran al mal trato.
Envenenamos la sangre, nos creamos dependencias, echamos la culpa a otros, sin salir de la demencia. Siendo capaces de matar por "amor..." ¡como si eso se pudiera!
O paramos la guerra, o morimos en ella, porque ya los héroes están muertos, y no hay victoria en esta contienda.
¿Con qué derecho el adulto demanda independencia , si es capaz de cargar a otros con su propia dependencia?
Solo los niños, los enfermos, los desheredados, los afligidos, que por un tiempo corto o largo, son dependientes por aquello que ajeno a su voluntad les limita, tienen derecho a ese estado. Y es obvio que a todos nos toca en ciertos momentos de nuestra vida. Pero si somos libres y sanos, y tenemos el poder de decidir lo que queremos, no podemos echar nuestra carga a otros ,con disculpas que no convencen más que a nosotros mismos y al que se empeña en saber lo que no sabe, por no tenerlo que aprender.
Ni los jóvenes con poderes, que (como dice Saramago) no saben que tienen. Y el que no sabe y sí puede (y esto ya lo digo yo), será porque no quiere aprender el arte de no perderse.
Perdidos en nuestro destino y sin aceptar sus planes, queriendo darle la vuelta para huir de los pesares, hacemos los laberintos para servir a cobardes.
¡No aprendemos lo sencillo!
¡No sabemos lo que vale!
¡Imitamos a quien manda
cuando mandan los cobardes!
Llorando van los poetas,
que no los escucha nadie.
Peregrinos del silencio
a refugiarse en su arte.
¡hambre de silencio y paz!
¡caminando hacia otras hambres!
¡Que los que no tienen pan
de poco sirven cantares!
Como ovejas espantadas,
que ven pastores reunidos.
El pueblo no entiende nada,
solo camina afligido.

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