martes, 20 de octubre de 2015

LA MAYORÍA NO ENTRA EN EL RECUENTO

Para los que no tenemos más diversión  que la televisión, nos quedan dos meses de aburrimiento con las bufanadas de los que van a dejar cojeando la democracia, de la miasma pata.
La mayoría sin urna, la voz que clama en el desierto, la enemiga de negocios, la que sabe que el campo va a ser quemado en el verano, repoblando en otoño o primavera, para crear puestos de trabajo, cobren, o queden sin cobrar los trabajadores.
Miles de Has para que cacen los que  nos masacran.
Meter el voto en una urna para que sigan asfixiando con sus mortíferos negocios. Sin derechos humanos, sin derechos los seres que pueblan la Tierra.
Mueren los niños con o sin padres, que sirven de alimento a los peces que comemos. Y la tierra sin cultivar por las leyes que tenemos.
Llenos de venenos la Tierra y el mar.
¿Se puede alguien imaginar, ser un niño abandonado en una tierra extraña, cazado, ignorado, torturado, peor que muerto?
Con este panorama ¿quien tiene ganas de ir a votar?
Cada uno con su religión, que elijan a su dios.
Que el ángel más oscuro, inmune a la voz que clama en el desierto seguirá igual.
Fuera de las urnas donde se paga impuestos. Y si no hay voz fuera, tampoco dentro.
La mayoría clama en el desierto, porque en las urnas muere el silencio. La mayoría no entra en la rueda del recuento.
Y seguiremos como en otros tiempos dijo Martín Santos: "Solo algunos perros  mean mucho y huele tan fuerte."    
La casa revuelta seguirá sin limpiar.
Y los sin tierra, en el valle de lágrimas, los hijos de Eva, gimiendo y llorando, sin señora a quien clamar, sin amor, sin abrigo y sin pan. Mientras el ángel adorado, sigue sembrando oscuridad.

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