jueves, 15 de diciembre de 2011

LA VIDA DE JESÚS

Yo soy Chuchi, soltero, a punto de jubilarme. Poco hace que terminé de pagar las deudas que contraje cuando me hice cargo de la pequeña explotación ganadera de mis padres, y tuve que comprarle a mis hermanas la parte de la herencia que les correspondía, o no, da igual. Además tuve que ir innovando, hasta llegar a las subvenciones que me sacaron de penas, o me metieron en más quebraderos de cabeza.
Mis hermanas emigraron al principio de los sesenta. Yo hice el servicio militar obligatorio, por imperativo legal, porque sentí pena de mis padres, y no tuve el valor de deserta y huir, pues eso supondría no volver a verlos.
Toda la vida, mi madre suspirando por su hermano Miguel que se fue con la División Azul a Rusia, después de ganar la guerra civil. (Bueno, ganar, ganar...), nadie ganó esa guerra. Allí murió como un héroe, según le contaron a mi abuela. Por intentar salvar a su capitán, en un tren en marcha y cayeron los dos.
Yo que soy curioso por naturaleza, no reparé en esfuerzos por recoger información y supe que su capitán y él, estaban enamorados, y no sabiendo qué hacer con sus vidas , decidieron probar a escapar, en la creencia de que allí sería todo más fácil.
Hoy todos sabemos lo difícil de esas situaciones.
Yo de la "mili", lo mejor que recuerdo es cuando nos llamaron para colaborar como soldados en la película "Doctor Zivago".
¡Que ironías tiene la vida! Yo sentí que le hacía honor a mi tío, y así mi madre dejaría de atormentarse por no poder ir a llevarle flores a su tumba, en aquel cementerio de Leningrado, donde le dijeron a mi abuela que había sido enterrado, junto a su capitán. ¡Menos mal que no pudo ir! Porque no había tumba ninguna. Los dos quedaron sus cuerpos donde cayeron al tirarse de aquel tren en marcha en pleno campo.
Para mí la vida en el pueblo no ha sido fácil, pero tampoco ha sido extremadamente difícil, porque en parte he conseguido estar con mis padres hasta el final de sus días, aunque la convivencia no haya sido perfecta, que nunca lo es.
De joven, iba y venía. sentía la necesidad de otras vidas. El pueblo se me quedaba pequeño, pero al fin la carencia me sumía en la duda, y terminé siendo fiel a mis sentimientos. Ahora la experiencia me sirve para no comerme la cabeza con los errores del pasado, y aceptar la vida como algo que no fue de otra forma porque tenía que ser así. Hoy vivo como si cada instante pudiera ser toda una vida de principio a fin.

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