martes, 4 de abril de 2017

NOVENO MANDAMIENTO DE LA LEY

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
Lo primero es el pensamiento, su poder es inmenso, y cuando se llena de impurezas, ocurre como con el sexto, se descomponen todos los demás. La ira, el odio, la soberbia, cuando se convierten en obsesiones, pueden dañar la propia vida y la de otros de diferentes maneras.
Tener pensamientos o deseos impuros, con intención de hacer daño, es como poco, una pérdida de tiempo, que a veces tiene consecuencias catastróficas, y no tranquiliza a su poseedor, que a veces es el más perjudicado, y si no lo es a corto plazo, lo llevará en su memoria el resto de su vida.
Un pensamiento negativo callado, perjudica la salud.
Puros y limpios nuestros pensamientos sanadores, nos libran de acciones temerarias, enfermedades, hidropesía, que entre otras causas, provocan los remordimientos. "Cuidado con lo que pides, que se te puede cumplir."
Que se cumplan los malos  deseos, nunca es motivo de alegría. Y en el siglo XXI, sobran tristezas.

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