viernes, 12 de agosto de 2011

COACCIÓN SÍ ES PECAR

Venimos de la prisión de los prejuicios, donde donde se quedó nuestra juventud, pero no los prejuicios.
Hijos de la dictadura, que eran los que podían leer, porque los demás releíamos lo aprendido de memoria, que eran que eran las enciclopedias que a duras penas se podían pagar, para aprender lo poco que sabemos.
Los demás éramos hijos de los pobres, que no teníamos ni voz ni voto.
Había que ser decentes, había que ser como Dios manda, aunque no tuviéramos ni idea de lo que manda Dios. Había que imitar a los leídos.
Y entramos en los setenta con las revoluciones estudiantiles contra el sistema, las huelgas en las industrias del norte. Las organizaciones contra la dictadura, los hijos desparramaos de los afines al régimen, que aprovechaban el poder de sus padres para enfrentarse a los que les custodiaban en esta España de puertas cerradas, de represiones sexuales, y de ideas establecidas.
Los pobres salíamos de la miseria trabajando en otras cosas distintas a las de aprender a sacar lo poco que daba la tierra, y que nuestro trabajo de niños era gran parte para los impuestos que manejaban esos señores que dominaban y dirigían el país, a los que había que admirar, obedecer e imitar.
Cuando las mujeres se soltaron el pelo en las relaciones sexuales, había que desinhibirse, y ahí entrábamos todas. Las fogosas, las enamoradizas, las desviadas... ellas y ellos comenzaban a salir tímidamente de lo que después nos enteramos que era, salir del armario.
Se confundía enamoramiento con braguetazo, y por estar a la moda en la liberación sexual los más tocados comenzaron a dirigir y eso hoy sigue así y en aumento. Alimentando enfermedades mentales que se nos revelaban.
¿Donde está la libertad de los que son felices mirando las estrellas, se enamoran y se preocupan del bien común? A éstos las modas no los atan. Les oprimen la falta de respeto de los que no respetan ni a sí mismos ni a los demás, ni al medio en el que viven.
La esclavitud del sexo, como cualquier clase de esclavitud, degrada la humanidad.
Es como el que se confiesa cristiano para vender a cristo.
Sexo, drogas y lujos sin control, caminando del infierno, y no es Dios que quiere castigar.

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