jueves, 29 de diciembre de 2016

EL PODER DEL ESPÍRITU

Estos brazos de plomo
que se empeñan en doler,
yo los mimo lo que puedo
y ellos se dejan querer.

Porque solo el movimiento,
la voluntad y la fe,
les va a dar lo que le resta
el desgaste y la vejez.

Y mis manos me recuerdan
tantas manos de bebé,
cansadas de su pasado,
hoy es mi pasado aquel.

Rebuscando aquel archivo,
que está escrito en la memoria,
aún me parece mentira
encontrarme en aquella historia.

Diversas manos cansadas,
que todo se les caía,
las que me enseñaron
como manejar las mías.

Al llegar la decadencia,
se busca la solución.
Otros buscaron mi ayuda.
Otra forma busco yo.

El desamparo y la necesidad,
hacen avivar el ingenio.
Y antes que rendirme quiero,
elevar mi vista al cielo.

Un altar en el interior,
al que pedirle tranquilo,
se planta cara al dolor,
que con dolor es vencido.

El espíritu disuelve y repara.
Es la fuerza del desheredado.
Del que está fuera del sistema.
Del que no está acomodado.

Con el poder de la mente.
Con la fuerza del poder divino.
Algo se podrá hacer,
por un mundo tan sombrío.

El espíritu es la fuente
de done emana el poder.
Si se pone en movimiento,
es dulce como la miel.

Si el movimiento te duele,
párate a descansar.
Y tu pensamiento vuele,
y en el movimiento vas.

El mal pasar de la vida,
de errores y de ignorancia,
obliga al ser a pensar
lo poquito que le falta.

Y todo lo que le sobra
a sus manos de bebé.
Al hacer lo que no pueden,
un milagro es su poder.

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