viernes, 18 de noviembre de 2016

CASTA Y BRAVURA

Tarde de sábado viendo en la televisión una ganadería en una finca muy bonita. Nos enseñan todo lo que hacen a los pobres toros, pero cuando llegan al herradero, ni siquiera el aficionado aguanta ver el sufrimiento de los becerritos con tanta marca. Y lo peor es que los que los tratan, que aunque lo hagan con cuidado de no hacer sufrir más de la cuenta, no cabe duda que les falta empatía, y solo cuidan de no lastimar demasiado, porque además puede quedar una chapuza.
¿No podrán modificar esa tradición e ir cambiando los festejos conforme a la sensibilidad de los nuevos tiempos?
¡Claro que si no se empatiza con las personas, menos con un animal recio, que defiende su integridad, y es posible que ataque por miedo!
No soy antitaurina, pero creo que a los que lo son, habría que tenerlos más en cuenta, y llegar a un consenso.
Me gusta jugar con los animales, pero eso no es un juego. Ellos pegan.
De bien pequeña me lanzó una vaca por los aires. Y entre esos animales me he movido gran parte de mi vida. Y de esa fiesta solo  me gustaba el jaleo, que con el tiempo se fue haciendo desagradable y aburrido. Anda jaleo, jaleo. Ya se acabó el alboroto.
¿Menos acoso, menos hierro, y menos sangre?
Menos guerras, menos esclavitud, y menores diferencias sociales.
Más salud, mejor educación, y más seguridad.

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